Cambio climático desde el barrio: la Escuela Climática Mujeres Líderes en Acción, de FUNVIMUFROIN
por Sebastián Arnica, practicante universitario de UNSAM para MDLC América Latina y el Caribe
(Article in English below)
En un contexto de creciente consciencia y preocupación por el calentamiento global, muchas organizaciones han puesto en marcha proyectos orientados a abordar el cambio climático. Por eso, hoy queremos con este artículo resaltar la labor de la Fundación Víctimas Vulnerables Mujeres Afros Independientes (FUNVIMUFROIN), a través del testimonio de una de sus fundadoras, Paola Andrea Quiñónez Caicedo.
Paola es ingeniera ambiental y trabaja en el ámbito de los derechos humanos desde hace 27 años. Su abordaje destaca el poder de la acción ciudadana para impulsar cambios y orientar las políticas públicas hacia la tan anhelada justicia social. Desde 2017 se encuentra liderando la FUNVIMUFROIN, con sede en Cali, Colombia. Actualmente, la Fundación trabaja en el distrito de Agua Blanca, en las comunas 6, 7, 8, 10 y 11, así como en los barrios Potrero Grande y Llano Verde.
Empoderamiento Comunitario Como eje de Transformación
FUNVIMUFROIN busca empoderar y fortalecer los liderazgos de mujeres y jóvenes, entendiendo que cualquier proyecto sostenible debe construirse desde lo comunitario. La educación y la formación son, para ellos, pilares esenciales que garantizan la continuidad de las iniciativas a largo plazo.
Uno de los programas con mayor impacto que desarrolla FUNVIMUFROIN es la Escuela Climática, cuyo objetivo es promover la conciencia ambiental y motivar la acción colectiva frente al cambio climático. Uno de los pilares fundamentales del programa, desarrollado entre septiembre y diciembre de 2025, en la comuna 13 del barrio Ulpiano Lloreda de Cali, es que la currícula del taller fue armada por la organización en conjunto con los pobladores de los barrios afectados, a partir de las necesidades identificadas. El taller aborda contenidos clave: desde nociones básicas sobre cambio climático y biodiversidad, hasta temáticas político-sociales como la Agenda 2030.
Además de lo teórico, la Escuela Climática incorpora dinámicas lúdicas y jornadas de limpieza del territorio, un componente fundamental para transformar el aprendizaje en acción concreta. El cambio se realiza tanto desde la formación como la acción de los habitantes perjudicados por las peores consecuencias que trae el calentamiento global. El cambio climático afecta principalmente a los barrios marginalizados de manera grave porque se combina con condiciones estructurales de desigualdad, como por ejemplo la localización en zonas inundables, la falta de servicios básicos como agua potable, cloacas, gas y energía segura. Incluso la precariedad de las viviendas hacen que eventos como inundaciones, olas de calor, tormentas o la proliferación de enfermedades tengan impactos más contundentes para sus pobladores.
Una Escuela Pensada para que la Comunidad Lidere
El diagnóstico que dio origen a este programa está directamente vinculado con la gran acumulación de residuos en los distritos donde la organización trabaja, un problema ambiental y social que atraviesa la vida cotidiana de sus habitantes. Frente a esta situación, la Escuela Climática se plantea como una herramienta clave para avanzar hacia un territorio más justo, no sólo desde intervenciones externas, sino desde las capacidades existentes en la comunidad.
Para FUNVIMUFROIN, la Escuela Climática será verdaderamente exitosa en la medida en que las comunidades fortalezcan su conciencia sobre su propio rol como agentes de cambio. En sintonía con la perspectiva del Desarrollo Liderado por las Comunidades (DLC), la fundación concibe a los habitantes de los barrios afectados por el cambio climático no como destinatarios pasivos, sino como protagonistas activos en la construcción de soluciones. Paola señala que esta mirada se vio especialmente inspirada por el Taller realizado sobre la Herramienta Participativa de Evaluación sobre el Desarrollo Liderado por las Comunidades organizado por el MDLC América Latina y el Caribe, donde se plantearon preguntas sobre cómo trabajar desde una lente inclusiva de toda la comunidad en la creación de soluciones prácticas.
Un aspecto central del proyecto es que la Escuela Climática se desarrolla sin contar con financiamiento externo, reforzando la idea de que es posible generar cambios a partir del compromiso comunitario. Esta experiencia permitió reconocer que, aun sin recursos financieros – sólo con recursos como el tiempo y conocimiento de los pobladores- el trabajo colectivo y la organización barrial pueden impulsar procesos de cambio significativos y sostenibles en el tiempo.
Los talleres se realizan desde hace más de tres meses y se organizan en distintas clases. Una vez al mes, la organización lleva la Escuela a diferentes comunidades con el objetivo de formar a los vecinos y promover que la experiencia se replique en otros territorios. Actualmente, cada encuentro reúne alrededor de treinta participantes por barrio y es coordinado por un equipo de siete personas de la Fundación. El mayor logro, destacan, será que las actividades continúen de manera autónoma y articulada entre distintos barrios.
El cambio climático: una urgencia presente
Paola subraya que en pleno siglo XXI persisten profundas desigualdades que agravan los efectos del calentamiento global: comunidades desplazadas cuyo conocimiento agrícola ha sido desvalorizado, un consumismo desenfrenado y basurales a cielo abierto que se han vuelto parte del paisaje de muchos barrios vulnerables de Latinoamérica. Todo ello demuestra que el problema ambiental no es un asunto del futuro, sino que es la emergencia del presente.
Por eso, valorar y visibilizar el trabajo de organizaciones que ponen el foco en la justicia ambiental y social es fundamental para construir una sociedad más equitativa.
Article in English
Climate change from the neighborhood: FUNVIMUFROIN’s Women Leaders in Action Climate School
In a context of growing awareness and concern about global warming, many organizations have launched projects aimed at addressing climate change. This piece highlights the work of the Foundation for Vulnerable Independent Afro-Colombian Women (FUNVIMUFROIN), through the testimony of one of its founders, Paola Andrea Quiñónez Caicedo.
Paola is an environmental engineer and has been working in the field of human rights for 27 years. Her approach emphasizes the power of citizen action to drive change and guide public policy toward the much-desired social justice. Since 2017, she has been leading FUNVIMUFROIN, based in Cali, Colombia. Currently, the Foundation works in the Agua Blanca district, in communes 6, 7, 8, 10, and 11, as well as in the Potrero Grande and Llano Verde neighborhoods.
Community Empowerment as the Axis of Transformation
FUNVIMUFROIN strengthens the leadership of women and young people, as any sustainable project must be built from the community level. Education and training are, for them, essential pillars that guarantee sustainability.
One of FUNVIMUFROIN’s most impactful programs is the Climate School, which aims to promote environmental awareness and motivate collective action in the face of climate change. One of the fundamental pillars of the program is that the workshop’s curriculum was developed by the organization in conjunction with the residents of the affected neighborhoods, based on their needs. The workshop, which took place between September and December 2025, in the comune 13 of the Ulpriano Loreda neighborhood, addresses key content, from basic notions about climate change and biodiversity to political and social issues such as the 2030 Agenda.
In addition to theory, the Climate School incorporates recreational activities and clean-up days, a fundamental component for transforming learning into concrete action. Change is achieved through both education and the actions of residents affected by the worst consequences of global warming. Climate change mainly affects marginalized neighborhoods seriously because it is combined with structural conditions of inequality, such as location in flood-prone areas and lack of basic services such as drinking water, sewage, gas, and reliable energy. Even the precariousness of housing means that events such as floods, heat waves, storms, or the spread of disease have a more severe impact on residents.
A School Designed for Community Leadership
The assessment that gave rise to this program is directly linked to the large accumulation of waste in the districts where the organization works. This environmental and social problem affects the daily lives of inhabitants. In response to this situation, the Climate School is a key tool for moving towards a more just territory, not only through external interventions, but also through the capacities already existing in the community.
For FUNVIMUFROIN, the Climate School will be truly successful to the extent that communities strengthen their awareness of their own role as agents of change. In line with Community-Led Development (CLD) approaches, the Foundation views the inhabitants of neighborhoods affected by climate change not as passive recipients, but as active protagonists in developing solutions. Paola points out that this view was particularly inspired by the workshop on the Participatory Community-Led Development Assessment Tool organized by MDLC Latin America and the Caribbean, where participants raised questions about how to work from an inclusive community-wide lens in creating practical solutions.
The Climate School was developed without external funding, reinforcing the idea that it is possible to generate change through community commitment. Collective work and neighborhood organization can lead to significant and sustainable processes of change over time, driven without financial resources, and made possible by the time and knowledge of residents.
The workshops have been running for more than three months and are organized into different classes. Once a month, the organization takes the School to different communities to train residents and promote the replication of the experience in other areas. Currently, each meeting brings together around thirty participants per neighborhood and is coordinated by a team of seven people from the Foundation. The greatest achievement, they emphasize, will be for the activities to continue autonomously and in coordination between different neighborhoods.
Climate Change: A Current Emergency
That is why valuing and raising awareness of the work of organizations that focus on environmental and social justice is essential to building a more equitable society. Paola emphasizes that in the 21st century, deep inequalities persist that aggravate the effects of global warming: displaced communities whose agricultural knowledge has been devalued, rampant consumerism, and open-air dumps that have become part of the landscape of many vulnerable neighborhoods in Latin America. All of this shows that the environmental problem is not a matter for the future, but rather an emergency of the present.
Featured Photo: Climate School Women Leaders in Action Activity in Ulpriano lloreda Neighboorhood, Cali, Colombia. October 2025. Credit: FUNVIMUFROIN

